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Santa María Chiquimula

Mayo de 2008

¿Cómo están todos y todas?

Hace tiempo que quería escribir unas líneas y… hasta ahorita.

Pues en unos días regreso a Barcelona, con muchas ganas de ver y abrazar a mucha gente, pero también con un poco de miedo, pues no sé si me costará ubicarme otra vez a una manera de vivir tan diferente a la de aquí.

Ahora que se está esperando la lluvia para poder sembrar, estoy intentando amarrar momentos vividos aquí, sin sacar muchas conclusiones, pues yo creo que eso tocará más adelante.

En estos días recuerdo mucho las semanas antes de venir.

La ilusión por conocer una tierra y un pueblo que había vivido mucho sufrimiento en una guerra que había acabado apenas hacía 10 años, el miedo a lo desconocido, el miedo también a ser una molestia más que una ayuda, y el miedo al regreso,… pero a la vez sentía la certeza de saber que aquello que se me presentaba en mi camino debía vivirlo. Y qué difícil explicar esas certezas del corazón que se perciben de forma tan silenciosa, pero que dan una paz y una plenitud enormes. Qué difícil es para nosotros percibir y expresar lo que no se ve pero que está en lo más profundo del ser… y qué fácil es, en cambio, para los kichés hablar del corazón (o del alma):

"Sé cómo está usted porque mi corazón ya platicó con el suyo.

Si quiere encontrar más respuestas pregúntele a Dios: camine entre la milpa y la milpa le hablará, lave su ropa en el río y limpie su cuarto; vaya a visitar a un hombre o a una mujer ya grandes; y a un enfermo… pues eso hacían nuestros abuelos y abuelas.

Pídale a Dios que le ayude a que el amor que le tenemos y que usted nos tiene, no le amarren su corazón, y que el corazón esté libre para saber dónde ha de estar."

Y ahora agradezco, una y otra vez, todo lo vivido.

Los momentos difíciles y los de gran alegría. Doy gracias a Dios Padre y Madre, Corazón del Cielo y Corazón de la Tierra por permitirme sentir su presencia continuamente, en la mirada de la mujer indígena, en sus abrazos y sus llantos, en el hombre y la mujer que trabajan en la siembra y la cosecha, en la vida que llega después de un parto, en la alegría de los niños y niñas en sus juegos con ramas, flores y piedras, en la sabiduría de los ancianos y ancianas… también en las montañas y barrancos, en los ríos y los árboles, en las ardillas y venados que saludamos en el camino, en las primeras gotas de las primeras lluvias, en el viento que mueve a la milpa… en el caminar de noche buscando a una mujer enferma en su casa lejos del camino, al sostener en mis manos el cuerpo de un bebé que aunque nacido de pie y ya casi ahogado, de repente empieza a llorar… y especialmente en cada altar Maya y en la oración del pueblo k’iche’.

Y como dice mi compadre Josetxo, aunque se viva tanta injusticia y tanto dolor, aquí se siente más presente el Reino cada día.

Mi corazón se siente lleno y feliz, a pesar de las despedidas…

Un abrazo.

Ana

diseño: iñaki m81