Iximche' es Guatemala

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Ya llevo 10 meses en Guatemala… han pasado muy rápido, al menos eso creo. Han sido unos meses llenos de vida, parece que todo lo vivido no pueda caber en tan sólo este tiempo…

Los últimos 3 meses han sido los más intensos y los más difíciles para mí.

Estamos acabando el verano… en el verano no llueve, son los meses en los que no hay lluvias. En muchos casos se va al río a buscar agua. Aquí no tenemos agua potable durante el año, el agua para beber se compra en bidones grandes o se hierve. Me cuesta imaginar como en Barcelona, el agua de la ducha sí es potable y cómo esa agua que se puede beber, no se bebe y se escapa por el desagüe…

Ha sido verano pero ha hecho frío, las mañanas y las noches han sido bastante frías, muchas veces por debajo de los 10 grados. De hecho son los meses más fríos del año. Durante el día, en cambio, el sol calentaba mucho y podíamos pasar de los 25 grados.

Ahorita, con las primeras lluvias todo empieza a cambiar otra vez, cómo me gusta… Y también es la hora de la siembra, la siembra de la milpa. Se está preparando la tierra. Es bonita la relación de la mujer indígena y la tierra: “entre la tierra y la madre. La tierra alimenta y la mujer da vida. Hay un diálogo constante entre la tierra y la mujer.” (Rigoberta Menchú)

Todo el mundo sabía que iba a llover, aunque todavía no es el tiempo, al parecer, las primeras lluvias se han adelantado unas semanas. Mis compañeros antes de las primeras gotas ya oían cantos diferentes de los pájaros, veían como el viento hacía unos remolinos pequeños por los caminos, explicaban que el sol y la luna mostraban una aureola especial. Ha coincidido también con el año nuevo lunar del calendario maya. Con la ayuda de ellos yo también he podido ir percibiendo cambios en la naturaleza, algunos más evidentes y otros, en cambio, muy sutiles… Y realmente, llegó el agua.

Del 26 al 30 de marzo, aquí en Iximche’ (Guatemala), se realizó la tercera Cumbre Continental de Pueblos y Nacionalidades Indígenas, que une pueblos indígenas de todo el continente americano. Los delegados son escogidos, y de Santa María Chiquimula fue un compañero de trabajo, Aurelio. La declaración que redactaron la podési leer en el editorial de volpa.org, donde reafirman las declaraciones anteriores de Teotihuacan (México 2000) y la de Kito (Ecuador 2004). Las conclusiones son contundentes y especialmente hermosas.

Estos últimos meses ha sido tiempo para estar en diferentes hospitales. Acompañar a niños/as, jóvenes y no tan jóvenes al hospital de Totonicapán (cabecera del departamento de Totonicapán al que pertenece Santa María Chiquimula), también al hospital de Quetzaltenango (Xela, como llaman aquí a la segunda ciudad de Guatemala) y también estuve una semana en el hospital de San Juan de Dios en la capital, a más de 6 horas de mi pueblo. Ha sido tiempo de hacer de ambulancia, de estar con enfermos, de buscar dónde encontrar una caja para poder recoger una niñita muerta del hospital, de estar con un muchacho que estaba al final de su vida en el hospital, de ir a funerales...

Me ha sorprendido mucho en qué condiciones están las personas en los hospitales. Por la noche salen las cucarachas por las pareces y por el suelo, tenía que subir las piernas a la silla para que no llegaran a mis pies. Casi no hay medicamentos, y muchos se han de pagar, muchas de las pruebas se han de hacer en laboratorios privados fuera del hospital con un costo muy alto. No se informa a los familiares de que tienen derecho a quedarse con el paciente y menos en los idiomas indígenas. Don Juan fue a la capital a ver a su hijo y sólo pudo quedarse una hora con él, le dijeron que sólo podía estar en hora de visita. El dinero del viaje lo tuvo que pedir prestado y son casi 6 horas hasta llegar al hospital. Así que cuando yo llegué el muchacho estaba solo. Nadie le informó al papá de que podía hablar con trabajo social para pedir un permiso especial. Trabajo social del hospital de Totonicapán sabía la situación económica de la familia, nosotros pedimos que lo comunicaran a San Juan de Dios, en la capital. No se hizo, fuimos nosotros los que lo comunicamos. Pero al parecer, no sirvió de nada, porque cuando llegó don Juan para ver a su hijo, nadie se interesó por su situación.

La autoestima de muchos indígenas es tan baja que creen que cualquier ladino o extranjero tiene más razón que ellos…

También ha sido tiempo de más oración, supongo que para poder transformar el sentimiento que deja la injusticia. Y sentir más fuerza, porque la necesito. También me está ayudando a entender qué me dice Dios con lo que veo cada día, aunque no siempre lo logre... En el lugar donde vivo hay muchos momentos de completo silencio que estoy aprovechando y disfrutando mucho.

El proyecto de alfabetización que se inició en febrero ha recibido muy buena respuesta. En nuestras visitas a las comunidades, se realiza consulta médica, se pesa y talla a los niños/as, se da formación de cocina y temas sobre salud a las madres, y ahora también se da clases de alfabetización, están aprendiendo a leer y escribir el k’iche’. Están contentas y con muchas ganas de aprender, desde jóvenes hasta mujeres de 80 años. Ya hay 500 mujeres y la mayoría no sabe leer ni escribir.

Hace unos días fui a Santa Cruz del Quiché, visité a Mary (Irlandesa) que llegó hace unos meses y Myriam (Holandesa) que lleva en Guatemala desde las primeras matanzas de indígenas en los 80. Myriam me contó que empezaba a ver que desaparecía y moría gente que ella conocía, y que no podía irse. Las dos trabajan en un proyecto de ACG (acción cultural guatemalteca) de arte y pintura para niños y niñas de las comunidades de Santa Cruz del Quiché. Estuve en una sesión, quería conocer el trabajo y me gustó mucho, me dieron muchas ideas que a lo mejor algún día llevo a cabo…

Cada tres meses, ellas junto con otras personas que están como voluntarias en Guatemala y El Salvador se reúnen para hacer un retiro de unos tres días, desarrollan temas de formación muy interesantes. He podido participar en los dos últimos.

El pasado 5 de abril llegó una “delegación” de amigos y amigas de Barcelona. Estoy muy contenta de que estén por aquí, estuve con ellos por el oriente de Guatemala y en un par de días llegan a Santa María. Tengo ganas de verlos.

Estoy muy bien por aquí, os mando a todas y a todos, un fuerte abrazo. Gracias por lo que enviáis.

Ana.

(...)La noticia de Jon Sobrino llegó aquí causando sorpresa y decepción, ¿cómo se vive allí?