Soy refugiado

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Carta desde Venezuela de Carla Pablos, voluntaria VOLPA

Maracaibo, Zulia, junio de 2014

“Ya soy refugiado”. Con estas palabras entraba en nuestra oficina el señor Miguel (nombre ficticio) hasta ese momento solicitante de refugio, la tarde del 5 de Junio, después de haber recorrido un largo camino – casi 9 años – desde que salió de su Colombia natal.

El caso del Sr. Miguel es un oasis en el desierto, ya que pocos son los solicitantes que acaban siendo reconocidos actualmente (del total de solicitantes colombianos, solo un 29% ostentan la condición de refugiados) a causa de la burocracia lenta y poca efectividad de los órganos del Estado encargados de otorgar dicha condición.

Venezuela es el segundo receptor de refugiados de América Latina por detrás de Ecuador, la mayoría de ellos procedentes de Colombia, que actualmente es el séptimo país del mundo expulsor de refugiados (se calcula que unas 380.000 colombianos se encuentran actualmente en situación de refugio en otros países).

Mucho se habla de los conflictos armados, sin embargo, poco se conoce sobre el drama de los refugiados, que empieza en el momento en que deben salir huyendo de su país de origen, muchas veces sólo con lo puesto, dejando atrás familia y seres queridos, propiedades y raíces.


Es el caso del Sr. Miguel, que salió de Colombia hace nueve años. “Querían reclutar a mi hija”, nos contaba. El reclutamiento de menores es una práctica criminal común entre los grupos armados irregulares (GAI) que están presentes en la frontera, ya que es una forma de amedrentar a las familias para que entreguen sus tierras o sus pertenencias a dichos grupos, o bien para obtener lucro a través de su prostitución.

Para los refugiados, el cruzar la frontera constituye otra odisea, ya que debido a su falta de documentación en el país de llegada, muchas veces son extorsionados (cuando no deportados directamente) por las propias autoridades que se aprovechan de su condición de vulnerabilidad. Además, la frontera colombo-venezolana se caracteriza por ser una frontera “caliente”, donde el contrabando de alimentos y gasolina, el crimen organizado y los grupos armados irregulares están a la orden del día.

En Venezuela, el órgano encargado de otorgar la condición de refugiado es la CONARE (Comisión Nacional para los Refugiados), que a través de un proceso de entrevista previa y evaluación posterior de acuerdo al relato del solicitante, decide si de acuerdo a la ley (Ley Orgánica para Refugiados y Refugiadas, Asilados y Asiladas - LORRAA) esta persona es susceptible de ser reconocida como tal. Una vez se le ha concedido dicho estatus, el ya refugiado podrá empezar sus trámites de cedulación como transeúnte ante el Sistema Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (SAIME).

Las organizaciones no gubernamentales como el Servicio Jesuita a Refugiados cumplimos la función de hacer de puente entre la persona y las instituciones gubernamentales. Una mano amiga que se tiende a los solicitantes para intentar que canalicen toda su historia personal de huida y desarraigo de la mejor forma posible. En el SJR brindamos acompañamiento legal, psicosocial, comunitario y pastoral. Siendo nuestra misión la de acompañar, servir y defender a estas personas, para que dentro de la adversidad, consigan recuperar la ilusión y la esperanza para sí mismos y sus familias.

El caso del Sr. Miguel constituye un importante logro para la Oficina Zulia, ya que es el primer refugiado que se reconoce desde su creación en el año 2010. Es por ello que quiero compartir nuestra alegría, así como esta historia de refugio, una de tantas que existen pero que desafortunadamente no siempre tienen final feliz.

Los refugiados son gente valiente, gente admirable, que nos enseñan cada día a superarnos a nosotros mismos y a ser mejores personas. Ellos nos dan ejemplo y hacen que para nosotros, todos los días sean 20 de Junio.

http://www.sjrvenezuela.org.ve/noticias/articulos-noticias/soy-refugiado

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